El Tawantinsuyu fue el Período de la integración total de los pueblos andinos del Perú y fue entonces cuando la movilización forzada de personas (los Mitma) y la práctica de leyes e idiomas comunes, llevó a los pueblos andinos a una notable similitud de pensamiento, que ya habían empezado a forjar desde antes de nuestra era, pero que entonces llevaron a su apogeo y lograría sostenerse frente al dramático cambio cultural que significó, la llegada de los españoles.
Uno de los elementos más importantes de ese proceso fue la religión y a su interior, la adoración de los grandes nevados y de las lagunas como fuentes de agua, vital apara la agricultura, base primordial de la economía de la mayor parte de pueblos andinos. Ella se practica hasta el día de hoy en diversos localidades de Tarata, como es el caso de Tikako, donde se adora al nevado Komayle con sacrificios de llamas macho y grandes fiestas multitudinarias o en las alturas Qharumas, lugar de donde vienen las aguas al valle interandino de Tarata, a donde se dirigen los habitantes de Tarata y Tikako, pues reconocen en ellas, a las fuentes vitales que surten sus canales y proveen del líquido elemento a sus chacras. Esta práctica religiosa ha logrado sobrevivir a la inicial catequización de los misioneros y a la posterior lucha contra las idolatrías, que iniciaron las autoridades eclesiásticas cuando se percataron que más de medio siglo de presencia hispana, no había acabado con las prácticas religiosas andinas. Ha sobrevivido en un sincretismo cultural interesante y valioso con la religión católica, aunque el sustrato sigue siendo profunda y mayoritariamente andino.